La tragedia más significativa dentro de la historia de las fiestas en corraleja fue registrada el 20 de enero de 1980 en Sincelejo; cuando los palcos de la plaza de tres pisos en ese entonces se vinieron abajo, trayendo en su caída y sepultando entre toneladas de madera y escombros a cerca de cuatrocientas personas entre las que se contaron hombres, mujeres y niños; debido al sobre cupo que existía esa tarde. Esta trágica tarde puso fin a la tradicional fiesta en el municipio hasta el año 1999, cuando se reanudó. También se crean diferentes mitos acerca de la caída de los palcos.

Las víctimas de la tragedia del 20 de enero de 1980 se confunden en la multitud por estos días de fiesta en Sincelejo.
Por las calles pasan mujeres que perdieron a sus maridos, pero también, padres que quedaron sin hijos o abuelos sin nietos.
Otros que tuvieron mejor suerte que las 500 víctimas mortales, quedaron en sillas de rueda o caminan apoyados por muletas. A todos los unió el dolor , pero a la mayoría no le gusta rememorar lo que pasó hace hoy 35 años en el barrio Mochila.
Otra parte de la población se sigue aferrando al Dulce Nombre de Jesús –patrono de las Fiestas del 20 de Enero– para que el próximo año vuelva la fiesta, suspendida desde el 2013 por el alcalde Jairo Fernández.
Ese día, a las 3 de la tarde la alegría era una constante en los 9.167 metros cuadrados de la plaza que lucía imponente con sus tres pisos. Era el mejor día, aunque Arturo Cumplido Sierra, quien históricamente sacaba sus toros ese día, no lo hizo y cedió la plaza a Pedro Juan Tulena.
Blas Piña, periodista, escribió en uno de sus artículos, “el día del desastre había mucha expectativa, la gente quería saber si los toros de Pedro Juan eran mejores que los de Arturo, y por eso había sobrecupo y de un momento vino un inesperado aguacero que movió las bases de la corraleja y parte de los palcos se vinieron abajo”.
Una nube gris se posó en medio de la plaza, sería el aviso de que algo estaba mal, pero todo continuó. Tres toros negros hacían de las suyas en el redondel y en pocos minutos quedaron aturdidos ante el espectáculo dantesco .
Álvaro Montes Ruiz, miembro de la Sociedad de Cirujanos Taurinos de Colombia y uno de los ortopedistas que atendió a los heridos de la corraleja, unos mil en total, dijo que “el Hospital Regional, hoy Hospital Universitario de Sincelejo, se atestó de muertos en los pasillos, la cocina y hasta afuera del lugar. En el grupo de cadáveres encontrábamos gentes vivas y las pasábamos para las cirugías, operamos a varios al tiempo”.
Recordó que vinieron médicos de todo el país, entre ellos militares expertos en atención médica en época de guerra, y estos eran capaces de atender a muchos en poco tiempo.
“Las enfermedades más recurrentes eran la gangrena, lesiones de la columna y ostiomielitis por lo que aún tengo pacientes de aquella época. Muchos se han recuperado, pero otros se ganan la vida pidiendo limosna o vendiendo boletas en sus sillas de rueda”, dijo.
María Elvira Moreno Gómez, para ese entonces de 28 años, pensaba que su esposo José Cruz Orobio Solarte, de 48, era uno de los heridos de la corraleja o por lo menos eso le dijo un vecino, aunque para ella era imposible porque el padre de sus 5 hijos no era amante de la fiesta brava.
“Yo estaba lavando y sentía como algo raro, cuando de pronto se me volteó la ponchera de la ropa sin más ni más y me dio una cosa maluca, como un viento malo y empezó a llover pero duro, después me avisó una vecina que Cruz estaba en el hospital”, aseguró.
Recuerda que caminó varios minutos para encontrar a su esposo, pues debía pasar con la punta de los pies todo el lugar para no pisar a los difuntos que estaban regados en el lugar.“José murió asfixiado, su cara estaba igualita”, dijo.
Por esta tragedia, el Municipio, según el alcalde Fernández, tiene una deuda vigente por más de $2.000 millones con el Ministerio de Hacienda, por el pago de demandas de familiares de las víctimas.
he aquí algunas fotos:





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